Extracto
El verdadero poder en este país no se cambia con una banda presidencial; está enquistado en los mandos medios, en los sindicatos corruptos, en los gremios oligárquicos y en las mafias que controlan los contratos del Estado.
Un solo hombre en la presidencia no puede desmantelar una mafia burocrática blindada por décadas de impunidad… si la sociedad que lo eligió sigue anestesiada, apática y mirando hacia otro lado.
Si el ciudadano común se limita a votar cada cinco años y luego se retira a sus cuarteles de invierno a quejarse en redes sociales, el mesías se convierte en prisionero o en socio del sistema.
La presidencia es solo una pieza del engranaje. Mientras el resto del país siga operando bajo la ley del menor esfuerzo y el aplauso al juega vivo, ningún gobernante, por más sabio o incorruptible que sea, podrá rescatar a una nación… que insiste secretamente en seguir protegiendo a sus propios corruptos.
Recuperar a Panamá de las manos de la corrupción legalizada, institucionalizada y normalizada requiere, de manera urgente, un cambio de estrategia radical.
Ya no nos quedan más oportunidades para seguir ensayando las mismas recetas del pasado. No se trata de cambiar un color político por otro en las elecciones, ni de sustituir un logo de partido por una cara nueva que termine repitiendo las viejas mañas; se trata, en el fondo, de desarmar por completo los puntos de quiebre que hoy sostienen al sistema con alambres y cintas plásticas.
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